Scott Hahn y la cancelación de la libertad

El sentido del humor es signo de inteligencia. Así lo enseñan los santos. Desde la oración por el buen humor de Tomás Moro a la ironía bávara de Joseph Ratzinger, que por obras y heroísmo subirá a los altares cuando la Iglesia disponga.

Sigo a dos figuras influyentes del catolicismo estadoudinense. Al padre jesuita James Martin y al teólogo Scott Hahn. Del primero oímos mucho, sobre todo de sus detractores y en el mes de junio, que es tiempo de reivindicación gai. Al segundo se le sigue menos en Europa, aunque los ecos de su libro Roma Dulce Hogar, escrito a cuatro manos con su mujer Kymberlin, siga siendo un precioso relato de conversión y canto a la Iglesia Católica en su romanidad.

Como intelectual y gran exégeta, el doctor Hahn no renuncia ni a las redes sociales, ni a la comunicación directa. Como los memes en Facebook. En uno de ellos se reflejaba la secuencia de un diálogo tal que así:

Persona (P): Quiero hacer “X”
Iglesia Católica (I.C.): Eres libre de hacerlo
P.: Pero tu crees que “X” está mal
I.C.: Si
P.: ¿Por qué quieres controlarme?
I.C.: No. Eres libre de hacer lo que quieras
P.: Pero tu crees que “X” está mal
I.C.: Si. Pero solo porque quiero tu bien último
P.: Pero quiero hacer “X”
I.C.: Eres libre de hacerlo
P.: Pero quiero que digas que “X” está bien
I.C.: no puedo decir eso
P.: ¿Por qué me odias?

Los diálogos de nuestros días se reducen más o menos a un intercambio similar. Cuando las razones pasan a un segundo plano; lo que quedan son planteamientos políticos arbitrarios. Y el arbitrio es la antesala del totalitarismo.

Ya no se trata de que haya un mercado de ideas más o menos varias y a menudo contrapuestas; si no de que la superficie de rozadura se va reduciendo hasta el punto de hacer la comunicación imposible. La única manera de salvaguardar el ejercicio de la libertad; es quitándose de en medio. Es decir, no ejercerla. O bien decir que “X” está bien. Y ahí es evidente que retorcemos nuestra libertad, la cancelamos.

La pregunta europea de nuestros días; es si sabremos defender un espacio donde se oiga la voz de todos sin tener que exigir la confesión total de una parte. Como ejemplo podemos observar lo que pasa estos días de junio en LinkedIn y sus páginas empresariales. Casi todos los logos corporativos se pintan con el arcoíris en defensa del orgullo. Los que no lo hacen por razones equis ¿tienen que dar explicaciones? En una sociedad donde la libertad se ejerza con naturalidad, por supuesto que no. Porque junto a las causas -y sus logos- del orgullo están las de las mujeres, los indios, los niños no nacidos, los derechos sociales, los ecosistemas varios, las enfermedades raras y cuantos dolores e injusticias tenga el mundo. Y cada uno debería ser libre de abanderar alguna o ninguna sin más comparencecia que el legítimo intercambio de argumentos. Un segundo ejemplo es la guerra civil en el movimiento LGBXX en torno a los derechos de los transexuales que está generando, por un lado, una auténtica caza de brujas en universidades americanas (The Economist, 5 de junio de 2021) y por otro lado, las alianzas más insospechadas entre el femenismo de toda la vida y los movimientos conservadores. Dos ejemplos de un mismo fenómeno que no acepta la diversidad, real, como opción.

Como enseñaba magistralmente Vaclav Havel en su histórico Vivir en la Verdad o más recientemente Rod Dreher en su Vivir sin Mentiras; llega un momento en que el hablar se vuelve imprescindible en una sociedad que prendenda ser libre. Con respeto a todas y a todos; pero la diversidad, de verdad, refleja la sana libertad.